No soy de ir a conciertos masivos, aparte de que puede ser una tortura estar aplastado entre miles de personas, no creo que la calidad de un concierto se mida por la cantidad de gente que asiste a ellos. Después de todo, una de las tocatas que más repercusión tuvo en la historia del Indie Rock & Pop tuvo menos de 50 asistentes. Me refiero a la presentación de los Sex Pistols en un pequeño salón del Lesser Free Trade Hall de Manchester, el 4 de junio de 1976. La semilla que fue plantada esa mítica noche dio origen a un frondoso árbol sónico de cuyos deliciosos frutos nos hemos nutrido desde entonces, junto con el pan con mermelada del apresurado desayuno antes de ir al cole. Tal árbol sigue vivo y bien verde, sus ramas se han extendido alrededor del mundo, y una manzana gorda que cuelga de éste estos días es The Killers.
Como parte de su última gira, esta banda se presento hace dos lunes en el Rexall Place de Edmonton. Me había jurado a mi mismo no volver a entrar a este estadio desde que presencié sobre su cancha helada la decepcionante y humillante derrota de los Oilers frente a los Detroit Red Wings. Pero nada impide que uno rompa los juramentos que se hace así mismo, menos cuando la razón es tan buena como una tocata de los Killers. Así que aprovechando que la paranoia de la gripe de chancho aun no llega por estos lares, y que los conciertos masivos no se han cancelado, compré el mejor asiento que mi misio presupuesto me permite. Una vez dentro del estadio escalé las graderías y me senté con cerveza en mano a esperar que empezara la tocata, lejos del escenario, pero por encima la enredadera humana de la explanada. No podían empezar mejor que con “Human”.
Con éxito variado, esta banda trata de apropiarse, y hasta de revivir, sin ningún complejo el post-punk de fines de los 70s y los 80s. Siguiendo los altos y bajos de la banda y tratando de percibir el eco de Echo and the Bunnymen en la reverberación del estadio, quedé pasmado cuando empezaron a tocar su versión de Shadowplay. Este tema es ya de por si brutal, pero la interpretación de The Killers en vivo fue como una explosión que destruyó momentáneamente cualquier realidad fuera del escenario y la pantalla gigante, la cual mostraba escenas de la película “Closer” y secuencias con Ian Curtis, mientras que cualquier tiempo antes y después del inicio de la absorbente línea de bajo de tal canción era anulado.
Tal rapto continuó con el siguiente tema: “Smile Like You mean It”, a pesar y a causa del abrupto contraste entre esta canción y la anterior. Dejé de parpadear durante todo ese tiempo, como les sucede a los bebés y a quienes han conseguido la iluminación. Pero como siempre pasa cuando uno es anclado súbitamente a la realidad del tiempo y lugar presente, el estado de rapto se desvanece rápidamente cuando a uno se le ocurre pensar estupideces del tipo “asu que chevereeee!!, que loca la sensación del momento presente, esto es de contarlo, que bacánnnnnnnnnn!!”
De vuelta a un estado normal de conciencia, me di cuenta que mi cerveza estaba tirada en el suelo. Por un momento pensé que me había orinado sin darme cuenta, pero no les aseguro que mis pantalones estaña secos. Luego de esos épicos 10 minutos el concierto siguió, al menos para mí, nada mas y nada menos que como un buen espectáculo. Hasta su cierre con “When we Where Young”
Ausencia...
Hace 3 semanas











0 comments:
Publicar un comentario en la entrada